jueves, 11 de agosto de 2011

Quiero ser vieja

Me encuentro en esa etapa de la vida de toda mujer contemporánea, en la que no encuentro otros artículos en prensa y revistas que no mienten* al cuerpo. Esto no es mucho decir, porque me parece que las únicas que de momento se salen del grupo son las de menos de 13 y las de más de 70. Pero con 23, una empieza a acercarse peligrosamente al objetivo de las empresas Unilever.

Cuando me paro un poco y me miro en el espejo con mi ropa de estar por casa y el moño desarreglao con cierto reconocimiento (eres tu! Fíjate, soy yo**) y sensatez, noto cierta obsesión por ser joven a mi alrededor, con su cenit en la histeria colectiva mal disimulada de la industria de consumo. Desde la nevera al televisor, pasando por la biblioteca pública, cualquier itinerario por mi barrio lleva de fondo el recordatorio. Cuidate(que podamos cobrarte por los traumas que te causamos durante el máximo tiempo). Ese corillo subliminal me llega a veces y oye, como que le da a una la paranoia conspiracionista.

Tengo unos 23 tacos. Con esta expresión viejuna, pureta, pasada de unas cuantas vueltas de rosca, me reafirmo en lo que quiero decir. Conscientemente desprecio este divino tesoro de la juventud, con lo que hoy representa. Quiero, voluntariamente, proclamarme vieja, y cada día un poco más.

En vez de ir a los botellones, beber en bares de música leve y poco ligoteo. En vez de redes sociales, escribir cartas y llamar por teléfono, y maravillarme cuando haga una videollamada de que no se note que estamos tan lejos. En vez de conocer los apellidos, saber los motes y las anécdotas. En vez de recibir un enlace, un reencuentro en un café.

En lugar de bailar en discotecas, quiero un baile agarrao al ritmo de una banda o una orquesta. En lugar de luces de ciudad quiero estrellas. En lugar de la vulgaridad y la sinceridad nunca pedida,la educación y el misterio. En lugar de la imposición, el respeto.

Quiero levantarme y verme arrugada por las risas, algún llanto, golpes y caricias. Que mi piel se manche y se marchite, se me claree y caiga el pelo. Quiero que todo cambie y que por dentro siga siendo esta vieja inconformista de 23 años que, por hoy, se va a dar un respiro para leer con sus gafitas un libro viejo, viejo, pero no por ello menos valioso.

*Este maldito verbo se conjuga casi igual que mentir. Total, cosa de matices.
**Homenaje a APM?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pues tú dirás...