viernes, 31 de agosto de 2012

Mis malvados pollos secuaces

Sí, esos pollitos tan graciosos de fieltro... bueno, no sé exactamente de qué material están hechos, pero son pura maldad. Realmente uno necesita un equipo del mal si quiere convertirse en un supervillano como el mal manda.

Soy una ferviente servidora del mal. Cuando se me pasó la fiebre santurrona de ser monja, es decir, cuando dilucidé que las virtudes están sobrevaloradas, abrí los ojos a las maldades del Infierno. Fogatas, ruido de guitarras estruendosas y gritos de dolor. Es como una eterna noche de San Juan. ¿Quién narices prefiere ir al cielo, con todas esas nubes y verjas de oro, que parece la casa de Psicosis revisitada por Evax? No, yo no. Me hago demonia ya. ¿Dónde hay que firmar para vender el alma?

Aparte de los traviesos vestiditos de diablilla, estar condenada tiene muchas ventajas. Lista indexada al canto.
#1. Viva el libertinaje. La lujuria, la gula, la pereza. Qué mejor que esos combinar esos tres pecados en un cocktail que sabe a verano eterno.
#2. Bailar como una stripper sintiendo las miradas lascivas de Belcebú (oy, esos abdominales bermellón...)
#3. Opinar políticamente de modo incorrecto. Mandar a todo el mundo a tomar bebidas de Coca Cola Company™, con sede en el mismo centro del lago volcánico del dolor. Ingredientes: culitos sucios de bebés y dientes de monja.
#4. El ambientillo. Allí tiene que estar lo peorcito de la humanidad, con grandísimos pecadores de la pradera. No me hace tanta ilusión lo de los asesinos en serie, pero estoy acostumbrada gracias a Internet.

Ayy... ya casi huelo el azufre. Ugh :S

miércoles, 9 de mayo de 2012

Eternal sunshine of the spotless mind

Lo cierto es que aunque me gusta hablar de todo, mucho, no he conseguido, por muchos a las que he recomendado (a veces casi obligado) ver este film, mantener una conversación sobre esta película y lo que podría significar. Hay personas a las que no les gusta dar su opinión, les hace sentir incómodas. Para mí la opinión es un deber. Es necesario formarse opinión de todo, escuchar las opiniones contrarias, cambiar las propias, hacerlo en voz alta o en silencio. La opinión fundada es algo tan valioso o más que la realidad misma. Muchos conocimientos son meros hechos vacíos si son simplemente almacenados. Hay algo de verdad en cada opinión.


Como nadie me invita a una crítica sobre esta película, al margen de la cinematográfica (a realizar en sitios como FilmAffinity), he decidido airear mis pensamientos en mi olvidado blog. Aunque no tiene lectores, al igual que mis cuadernos, escribir aquí es como lanzar un mensaje en una botella al mar :)


Esta película estadounidense, cuya traducción a la cartelera española fue una infamia (¡Olvídate de mí!*), es para mí el perfecto ejemplo de película romántica. Aunque parezca una contradicción, ya que en ella se muestra precisamente la frontera del romanticismo más puro, el que permanentemente acompañado de un sentimiento trágico, ve la vida y todo lo que la rodea velada por los ideales. Al fin y al cabo, lo romántico cobra sentido en su propia muerte anunciada.

Con lo de romántico no me estoy refiriendo a ese refrito que hoy usamos para hablar del amor. Éste es un tema del primero, y por ello reducir la idea de romanticismo a la relación amorosa me parece simplificar, lo que acaba quitándole la riqueza de su significado. Para cualquiera que quiera entender, no hablo en esta entrada de las bondades del amor y las relaciones, del tipo que sean.

Bueno, hay que decirlo. Cuidado por si hay spoilers. Spoiler alert! - nivel amarillo.

Para empezar, la estética del film es casi hortera. De clase media. Bueno, hay mucho de hipster también. Cierto es que la película tiene ya 8 años, precede en el tiempo a esa moda. En cualquier caso, el punto justo de todos esos elementos hacen que la imagen se nos haga más cercana. Es única y extraña en todos sus elementos, donde más en los objetos (esos muñecos-patata), pero por ello es más fácil aislarnos de ese ambiente para centrarnos en la historia, dejar a un lado así lo anecdótico para concentrarnos en lo esencial.

La tragedia central que entreteje la historia es el olvido. Los antiguos equiparaban el olvido a la muerte, siendo esta mucho más benévola. El olvido condena a una inexistencia completa, borrando cualquier rastro de aquello que toca, nublando la percepción subjetiva al cortar las referencias que forman nuestra idea del mundo. El olvido es el vacío. Todos tenemos la necesidad de que nos reconozcan y de reconocer lo que vemos, lo que sentimos, porque ¿qué es el individuo sino el resultado de sus recuerdos?

El triunfo final de esta batalla es del sentimiento, que perdura sin depender de sus razones, imposible de olvidar porque es de un material distinto a los recuerdos: buscamos su definición en la fatalidad del destino, o en la irracionalidad del amor a primera vista, la visceralidad absoluta de los sentimientos. El resultado de su eliminación es parecido a la confusión que nos causa no saber qué queremos, ya que esta querencia está respaldada por la memoria, y sin embargo no depende de ella. Es una materia extraña este instinto desconocido del amor. Es la esperanza del hombre contra el olvido.


Contradiciéndome una vez más, esta es una de mis películas de amor favoritas. El intento de rebelión contra lo que somos y deseamos, y el eterno fracaso en nuestra búsqueda de la felicidad. Las historias que cuentan fracasos más que victorias, puesto que el amor, al final, no es más que una lucha en rebeldía por hacer posible lo imposible.

Lo importante es que no dejemos de luchar.


*Una de las innumerables que acomete la industria española en su tarea de doblar, expresión mucho más acertada que traducir.