Mis primos pequeños ya tienen mascota: un inseparable. Para quien no lo sepa, el bicho es un pájaro que debe su nombre a que es bastante apegado.
El animalete, al que mis primos han bautizado como 'Pollo' (culpa de mi hermana, que a todo lo que tiene plumas lo llama así, con aire jocoso), es de color azul, y un día fue a volar a través de la ventana del cuarto de mi otro primo, alias 'el informático' posándose en su brazo. No es que él tenga aires de princesa Disney, es que el pajarete, ya he dicho que es muy de arrejuntarse. Y yo creo, vería que el caos de la habitación parecía lo suficientemente salvaje como para sentirse en la naturaleza y ahí se quedó, inseparable. Ahora bien, que el estatus de mi primo 'el informático' no le permite ir con un pájaro pegado todo el día, así que se lo legó a los dos enanos, más conocidos como Gonzalo (está en una edad muy tonta y ponerle motes puede destruirle, aunque pensaremos en alguno que lo haga muy lentamente) y la Señora (que es el pequeño: el apelativo comenzó por los cariñosos arañazos que nos daba con sus uñas de señora).
Pues el avecilla tiene su aquel: hay que pasearlo fuera de su jaula y hasta obedece cuando le dices 'no no noo' con vocecilla cantarina, esto último, según informa mi madre. Y se te va posando en la cabeza y donde quiere. Yo le hubiera puesto 'Piojo' o 'Cacas'. Total, para ser un ser vivo que no pilla traumas por el nombre que le pones, habrá que aprovechar.
Y yo que iba a buscarles un perro. Lo haré con la condición de que le pongan un nombre a mi antojo y voluntad.